{"id":7972,"date":"2026-06-04T00:57:31","date_gmt":"2026-06-04T00:57:31","guid":{"rendered":"https:\/\/joseantoniolopezmoreno.es\/ataro\/?p=7972"},"modified":"2026-05-21T01:03:52","modified_gmt":"2026-05-21T01:03:52","slug":"la-derecha-liquida-y-espectacular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/joseantoniolopezmoreno.es\/ataro\/politica\/la-derecha-liquida-y-espectacular\/","title":{"rendered":"La Derecha L\u00edquida y Espectacular"},"content":{"rendered":"\n<p>Antes que Trump, ya exist\u00eda el \u00abshowman\u00bb que convirti\u00f3 la pol\u00edtica en entretenimiento. Due\u00f1o de medios de comunicaci\u00f3n, Silvio Berlusconi us\u00f3 su imagen medi\u00e1tica y su narrativa de \u00abempresario exitoso\u00bb para gobernar sin necesidad de un programa s\u00f3lido. Lo importante era la percepci\u00f3n. Su pol\u00edtica era espect\u00e1culo: posmoderna, l\u00edquida, centrada en el \u00abyo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Donald Trump llev\u00f3 el discurso posmoderno al extremo al despreciar los datos, la prensa y la coherencia ideol\u00f3gica. Se mov\u00eda entre contradicciones y \u00abverdades alternativas\u00bb, y su base lo aplaud\u00eda por la forma de sus declaraciones m\u00e1s que por el contenido de las mismas. Trump rompi\u00f3 con la l\u00f3gica moderna del pol\u00edtico ilustrado al encarnar el \u00abrelato emocional\u00bb de millones de personas, prescindiendo de la veracidad de sus afirmaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que Trump, Jair Bolsonaro construy\u00f3 su poder sobre una narrativa emocional cimentada en la anticorrupci\u00f3n, el antiprogresismo y la religi\u00f3n. En su propuesta, la falta de evidencias o la agresividad del discurso resultaban secundarias, pues su figura operaba como s\u00edmbolo de un malestar colectivo. En la posmodernidad, la pol\u00edtica prescinde de los argumentos para apoyarse en s\u00edmbolos afectivos con los que la ciudadan\u00eda se identifica visceralmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a este despliegue de hiperv\u00ednculos, memes y liderazgos convertidos en avatares de consumo masivo, sobrevive una corriente que observa el fen\u00f3meno con una mezcla de desconcierto y profunda desconfianza. Es la derecha institucional, de ra\u00edz conservadora cl\u00e1sica o liberal ortodoxa, cuya matriz de pensamiento sigue anclada en los valores de la Modernidad. Para esta facci\u00f3n, la disoluci\u00f3n de las certezas que trajo consigo el giro posmoderno no representa una oportunidad t\u00e1ctica, sino una amenaza directa contra los pilares que sostienen el orden social: la autoridad de las instituciones, el imperio de la ley, el respeto a la jerarqu\u00eda y el valor de la tradici\u00f3n escrita.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta derecha anal\u00f3gica rechaza el relativismo que utiliza la nueva derecha populista. Mientras los l\u00edderes del simulacro alteran los hechos para adaptarlos al flujo de la conversaci\u00f3n digital, el conservadurismo cl\u00e1sico se aferra a la existencia de verdades objetivas y a la necesidad de mantener un decoro institucional que proteja al Estado de los vaivenes emocionales de las masas. Para sus te\u00f3ricos, sustituir los programas de gobierno de largo alcance por espasmos sentimentales en las redes sociales equivale a demoler la estabilidad pol\u00edtica. Ven en el showman de la derecha l\u00edquida a un jacobino disfrazado de salvador; un agente del caos que, al debilitar la confianza en los tribunales, en la prensa seria y en los procedimientos parlamentarios, termina pavimentando el camino para la misma desintegraci\u00f3n social que la izquierda performativa promueve desde el plano cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta fractura doctrinal no es abstracta; se traduce en guerras civiles larvadas dentro de los partidos conservadores de todo el mundo, donde la vieja guardia ilustrada intenta contener la marea del espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>En Estados Unidos, este cisma se evidencia en el choque entre los restos del aparato tradicional republicano, alineado con el legado de las fundaciones pensantes y el constitucionalismo estricto, frente al empuje de la corriente que prioriza la agitaci\u00f3n medi\u00e1tica y el cuestionamiento directo de las agencias de inteligencia y el poder judicial. Los intelectuales del conservadurismo cl\u00e1sico observan este giro con alarma, denunciando que priorizar la lealtad personal y el impacto en las redes sociales desmantela la herencia institucional de la derecha norteamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>En el contexto europeo, el Partido Conservador brit\u00e1nico ofrece otro reflejo de esta tensi\u00f3n. Tras a\u00f1os de debates internos, la formaci\u00f3n se debate entre el retorno a la ortodoxia de la gesti\u00f3n macroecon\u00f3mica estable, la prudencia fiscal y el decoro parlamentario, frente a las facciones que exigen adoptar estrategias de confrontaci\u00f3n cultural directa, asumiendo postulados identitarios similares a los de la izquierda para movilizar el voto mediante el agravio y la emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"p-rc_85f08ee792b7aacf-22\">Incluso en Am\u00e9rica Latina, la aparici\u00f3n de liderazgos tecnocr\u00e1ticos y liberales en lo econ\u00f3mico, pero implacables en el respeto a las formas jur\u00eddicas, marca una distancia insalvable con el estilo histri\u00f3nico de los caudillismos digitales. Mientras la derecha posmoderna busca el aplauso instant\u00e1neo a trav\u00e9s de la provocaci\u00f3n en plataformas virtuales, los sectores tradicionales intentan reconstruir partidos jer\u00e1rquicos y predecibles, conscientes de que el simulacro es un terreno de juego donde, a largo plazo, el Estado siempre termina debilitado.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes que Trump, ya exist\u00eda el \u00abshowman\u00bb que convirti\u00f3 la pol\u00edtica en entretenimiento. 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