Sacks y el Despertar de ‘Lo Ominoso’
Un consultante entra en la sala y se detiene frente al perchero. Mira su propio abrigo, pero por un segundo, retrocede. Me dice que ha sentido un escalofrío: el abrigo, colgado en la penumbra, parecía una presencia acechante. «¿Es una señal, Toño?», me pregunta.
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